Adiós a la abuela "sin filtro"

Si has leído alguna vez este humilde blog, sabrás de sobra que mezclo algunos post profesionales, otros que están entre las dos cosas, y alguno personal: Este es uno de ellos.

Hablar de la muerte a veces me asusta, pero hablar de mi abuela, de lo que era, y lo que ha significado para mí, siempre me ha hecho sentirme muy orgullosa. Y es que escribo esto en el mismo día que recibo la noticia, que la abuela nos ha dejado 👵🏻.

Heredé su gran dote para no tener filtro para las cosas, tanto, que a veces tardaba en ir a verla hasta haber superado una ruptura de pareja. Me acuerdo perfectamente un novio que tuve y cuando lo dejé con él lo primero que me dijo fue: «Ya le has dado una patada en el culo no?», así, sin filtro ella.

Nunca supe cuando realmente era su cumpleaños, pero ni yo, ni nadie de la familia. Primero hubo un problema con su año de nacimiento (que no lo voy a decir porque no me dejaría), pero después yo nunca supe cuando era realmente su cumpleaños, al principio decía que el 21 de Enero, otros que en Febrero, y hasta estos días, realmente no he sabido cuando era el cumpleaños de mi abuela. ¡Manda narices, abuela!

Una de las cosas que más me gustaba de ella, eran las historias que nos contaba. Mi abuela era una de esas mujeres de la posguerra que tuvo que trabajar con apenas 12 años para poder vivir, ya que eran 8 hermanos de una familia muy pobre de pueblo y al haber muerto su padre cuando ella era muy pequeña le obligó a tener que trabajar en una casa de interina.

Y el «tu vales mucho» de mi abuela que siempre me decía cuando nadie más creía en mi (ni yo misma), ella de fondo me lo seguía diciendo. «Martuka, tu vales mucho«.

Historietas de una limpiadora del Colegio Pedro Velarde donde ella, aunque nunca cumplió su sueño de ser maestra, siempre tuvo un corazoncito en ese lugar. Las historias de «Suca la pajara» una persona a la que mi abuela odiaba profundamente y le tenía bastante atravesada. Tenía un carácter un poco cascarrabias y desconfiaba de todo el mundo, que ella hablara de alguien bien era casi un milagro.

«Al fresco», mi abuela te contaba historias mientras cosía, miraba para arriba y empezaba a insultar a los pájaros. «Abuela, ¿Qué te pasa?». «Ese cabrón que viene a molestarnos, como le pille le rompo los hígados».

Lo de romper los hígados era su frase por excelencia, que tanto a mis primos, hermanos como a mí siempre nos quería romper los hígados, no sé que tenía la mujer con unos órganos tan importantes.

Conocía a todos mis amigos, porque muchos cumpleaños los hice en su casa, a todo los insultó: Tenía motes para todos y todos eran feos, muy delgados, muy gordos, no había nadie que le gustara, solo una amiga que llevé ya de más mayor cuando le dije que era ingeniera de minas. La abuela me salió un poco clasista 🫠.

Ella me enseñó una unidad de medida: La del dedo. Seguramente muchos de vosotros que leeis esto, habeis tenido unas abuelas que medían con su dedo. Sus manos arrugadas enseñándome cuánto de largo era del cesped de casa ❤️.

Mis abuelos tenían una casa en un pueblo de Cantabria en prácticamente mitad del monte. Esa casa, que mi padre conserva, es un tesoro. Una finca enorme donde perderse, zonas verdes para jugar, árboles que hicieron llenarme la tripa más de una vez (nada de procesados) y un sitio mágico para desaparecer del ruido de las ciudades 🌳. He tenido una suerte de poder jugar durante toda mi infancia al fútbol en un campo que hicimos mi hermano y yo con un par de árboles, bañarme en un manantial cuando hacía calor, y haber corrido y jugado a través de árboles, piedras y mucho, mucho verde.

Tuve una temporada que iba con mi abuela a la piscina del complejo municipal del pueblo en el que vivió unos años. Tengo todavía un vídeo que le hice cuando empezó a hacer gimnasia y madre mía, tenía bastante más flexibilidad que yo (aunque eso no es difícil).

Ella no tenía dinero, pero nunca se dio cuenta que no necesitábamos dinero, para nosotros el regalo era ella, con sus historias, lo personaje que era, y que al fin y al cabo nos gustaba hacerla rabiar.

Así que doy las gracias a mi padre por hacer que conociera a mi abuela mucho más y toda su vida, que a sus 87 años ha sido una fenomena, tanto que la puse de ejemplo en la ponencía más especial que he dado nunca: En WordCamp Barcelona.

Adiós abuela, te voy a echar de menos. Gracias por todo lo que me enseñaste. Intentaré cuidarme. Te quiero ❤️.

Otros post que te podrían interesar

Una respuesta a «Adiós a la abuela «sin filtro»»

  1. Avatar de José Arcos
    José Arcos

    Un artículo precioso sacado del alma, la abuela sin filtro ha dejado una huella imborrable en ti, gracias por compartir su historia con nosotros.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Responsable: Marta Torre Ajo.
Finalidad: Los datos que te pido son los mínimos necesarios para poder responder a las consultas que realices.
Legitimación: Aceptación expresa de la política de privacidad.
Destinatarios: No cederé nunca tus datos a terceros, salvo obligación legal.
Derechos: En cualquier momento puedes limitar, recuperar y borrar tu información.
Información adicional: Puedes consultar la información detallada en este enlace.